Hace años pertenecí a una agrupación de voluntarios de Protección Civil, englobado a los GAR (Grupo de Acción Rápida). Entre unas de las muchas acciones en las que actué, fue en varios incendios en la comarca de Tarragona, no sólo como refuerzo a los bomberos, sino como conocedor del terreno (muchos de los caminos/bosques los conocía de pasar en mountain-bike). Ya fuera cargando mangueras, en punta de lanza (lanzando agua) o acompañando a motobombas foraneas, ví que el trabajo de estos hombre y mujeres, tiene no sólo todo mi respeto, sino que desde fuera no se conoce la magnitud del mismo.
Hoy he leído estos dos apuntes (aquí y aquí) sobre la muerte de los 5 GRAF del año pasado en Tarragona. Nadie mejor que los propios bomberos, para explicar de primera mano lo que es estar en un infierno de fuego y viento; no sólo eso, sino lo rápido que pueden pasar las cosas y lo que hasta hace unos momentos parecía un fuego controlado, se puede convertir en una bola de fuego que arrasa todo a su paso. Me remito a las palabras del jefe de bomberos:
Nosotros hemos estado más de un mes para analizar lo que ocurrió. Ellos solo tuvieron minutos.
Yo viví una experiencia “parecida” y sin disponer de refugios contra el fuego, nuestra salvación fue la descarga completa de un helicóptero encima nuestro. No fue ni por asomo tan drámatico, pero coño… que el fuego está ahí.
Con este post sólo quiero expresar lo que he dicho antes, mi completo respeto hacía este colectivo y sobre todo a los GRAF, que son la élite dentro de ellos y son los que más sufren, por estar en el centro de dicho infierno.